La
enfermedad bacteriana de mayor frecuencia en Centroamerica y el Caribe desde 1912, es la
causada por Xanthomonas campestris pv. vesicatoria (Doidge) Dye. Este
problema fitosanitario aparece generalmente luego del trasplante, aunque en ocasiones se
observan daños foliares en el semillero. La enfermedad se generaliza e intensifica,
especialmente bajo lluvias continuas acompañadas por vientos fuertes.
En América Central se registran epifitias
severas en chile en los meses más lluviosos. El principal daño de la enfermedad es la
excesiva defoliación y el manchado en los frutos, que afecta su calidad comercial. Con
esta enfermedad se asocian otros problemas, como las quemaduras del sol en los frutos y su
pudrición debida a organismos secundarios, que penetran por las lesiones que causa la
bacteria. En tomate, la enfermedad se presenta en el trópico húmedo Centroamericano, en
los meses de mayo a agosto.
La enfermedad reduce el crecimiento de la
planta, la producción y calidad de la fruta. Las lesiones son a veces difíciles de
distinguir de otras manchas foliares causadas por bacterias patogénicas o desórdenes
fisiológicos. Debe tenerse mucho cuidado con el aislamiento de bacterias saprofíticas
que pueden enmascarar el patógeno real.
Síntomas

Figura 1. Síntomas de la mancha bacteriana
en el envés de hojas de chile. Se notan las lesiones angulares y pardas.
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Los
síntomas iniciales sobre el follaje son manchas circulares, oscuras, traslúcidas, de
menos de 3 mm de diámetro; más tarde, las lesiones se vuelven angulares y de color pardo
(Figs 1, 2 y 3). Por lo general, la porción central de las manchas se desprende. Sobre
los tallos, el patógeno desarrolla cánceres pequeños de 10 mm de longitud, que son
ásperos y pardos.
Los síntomas más conspicuos aparecen
sobre los frutos jóvenes, como manchas en relieve, diminutas que pueden alcanzar un
diámetro de 3-6 mm de color verde oscuro, aceitosas; un halo claro puede rodear las
manchas, pero desaparece a medida que estas envejecen. Luego, la epidermis se desgarra y
la lesión se deprime, presentándose en forma de cráter irregular, con varios
milímetros de diámetro, de color castaño claro a negro, de aspecto costroso y corchoso
(Fig. 3). No se produce infección en los frutos maduros.
En el laboratorio, la bacteria se
identifica como un bacilo gram negativo, de acuerdo a la prueba de KOH, con un flagelo
polar, catalasa positiva y oxidasa negativa, en medios de extracto de
levadura-dextrosa-carbonato de calcio; las colonias son amarillas, mucoides. La
clasificación en grupos se puede realizar a través de pruebas de ADN, actividad
amiololítica y pectolítica, composición de ácidos grasos y serología. |

Figura 2. Síntomas de la mancha bacteriana
en el envés de una hoja de tomate. Se notan las lesiones angulares y pardas.
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Figura 3. Síntomas en frutos de tomate
correspondientes a lesiones verde oscuras, aceitosas y de aspecto corchoso. Haz de hoja de
tomate con lesiones bacterianas. |
Epidemiología
El ambiente húmedo y la temperatura entre
25 y 30°C, con un óptimo de 27°C favorecen el desarrollo de la enfermedad. En las
condiciones centroamericanas, la época lluviosa o la de sequía con riego por aspersión,
son condiciones apropiadas para el desarrollo de la mancha bacteriana. El patógeno se
disemina por el viento húmedo y por salpique de la lluvia; se introduce en las hojas a
través de estomas y heridas y en los frutos, por estas últimas.
La bacteria sobrevive en el suelo en asocio
con residuos de cosecha por 3 o 6 meses y en plantas de chile o tomate que persisten en
los campos de cultivo por más de doce meses. También puede sobrevivir como epífita de
las raíces o de las partes aéreas de las plantas remanentes de cosechas anteriores o en
hospedantes secundarios, principalmente solanáceas y brasicáceas silvestres. Como
saprófito del suelo, muere a los cinco meses. Una fuente importante de inóculo primario
es la semilla, ya que la bacteria puede persistir allí por períodos de 10 años, aún en
semillas secas. Sin embargo, la importancia en la epidemiología de la semilla contaminada
es relativamente desconocida.
El patógeno presenta una gran variación
en su población bacterial, la cual se expresa en términos de razas fisiológicas, que
tienen como fundamento la interacción entre los genes que confieren virulencia a X. e. vesicatoria
y los genes que confieren resistencia en genotipos específicos de chile y tomate. En
tomate se conocen tres razas denominadas T1, T2, T3 no patogénicas al chile,
complementariamente las razas P0, P1, P2, P3, P4, P5 y P6 atacan sólo al chile.
La bacteria X. e. vesicatoria también
presenta en su población razas fisiológicas virulentas tanto en chile como en tomate.
Las razas se denominan como P0T1, P0T2, P1T1, P1T2, P2T1, P2T2, P3T1, P3T2, P4T2, P5T2,
P5T3, P6T2 y P6T3.
| Area de Agricultura Tropical Sostenible,
CATIE. Turrialba, Costa Rica. |
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